miércoles

Mi sangre


Descansa tu guerra
en el mismo sofá
donde deshoje las rosas
en un rito de pieles,
que danzaban despavoridas
mientras más hondo
se anclaba el deseo.
Arquitectos fuimos
esa noche sin fronteras,
diseñamos placeres,
monosílabos al final
de un impulso involuntario.
Vacié la copa sobre tu vientre,
y mis labios bebieron el rastro
que descendía como un arroyuelo
evaporándose poco a poco
en las parcelas ardientes
que se expanden a centímetros
de tu ombligo.
Era vivir,morir,existir sin neuronas
ni brazos,sin huesos y sin ojos.
Flotamos por la habitación
como corchos bendecidos
en la desesperación de llegar
sobre la ola más grande
a la orilla ansiada
de los orgasmos indefinidos.
Y allí devolver el alma a su sitio,
dejar de ser ciegos,
vernos un instante,
recuperar los brazos y los huesos
que habíamos perdido.
Descansa tu guerra,
pesando dulcemente
a los almohadones
que elevaron tus caderas
para que yo justificara tu grito,
Yo velaré el robo fugaz
de tu primera sangre,
contaré los pétalos rojos
mientras sueñas feliz
mil quejidos.

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