
Soy quien profana ese santuario musculoso.
Soy la virgen que lleva ofrendas a su cuerpo crimen,
la que sube y baja por su pecho
enmarañado y su arbusto negro.
Amo ese lecho que meda su abrazo mientras
muero estremecida por sus labios.
Pecho perfecto que se encuentra con el mío
para abalanzarse sobre mí y penetrame.
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